
Chocamos las copas cargadas de tinto. Nos miramos a los ojos, por vos por mí, por nosotros. Por este momento, que como todos, son tan únicos.
Bebemos un sorbo. El líquido baja por la garganta generando escalofrío hasta el estómago. Ácido, frío, seco, profundo.
“La cena es deliciosa” me decís. Deliciosa como este momento, como esta noche sobre la playa. Vacaciones. Esa hermosa palabra que es para la mente más que para el cuerpo.
Estás perfecta. El vestido blanco que insinúa tus pechos, que no los veo pero imagino. Firmes circulares uno al lado del otro. Los imagino bamboleándose sobre mí mientras hacemos el amor.
Una brisa remueve las cortinas. Nos alcanza y nos enreda. Ya no te veo, escucho tu risa, más que risa carcajada con esa voz que me inspira. No te veo pero imagino tu risa con los ojos achinados, los labios rojos mostrando tus dientes blancos. Imagino que el pelo se remueve y uno te hace cosquillas en el cuello.
El viento cesa. Las cortinas se retiran. Cuando abro mis ojos luego de reírme con vos… ya no estás. Todo se diluye en un segundo. Vuelvo a estar solo. Recuerdo que nunca te tuve realmente. Que en realidad ya no sé dónde estás.
Es que a veces necesitamos jugar con la mente. A veces, necesitamos viajar a lugares donde no hemos estado nunca. Sólo a veces.
M. Belén Ferrer.
Enero 2018
http://belenferrer.blogspot.com
1 comentario:
¡Qué lindo escribe usted! Saludos.
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