Apenas rozaban los días de septiembre.
La tarde se iba con los últimos rayos de sol.
Luz anaranjada radiante en el horizonte.
Cielo violeta y celeste con burbujas de algodón.
Viento suave y cálido que al césped acarició.
Y tu... allí serena reposabas...
Tu cabeza sobre mis rodillas, caía tu pelo oscuro
Tu vientre al sol bailaba con el aire,
Mis dedos lentamente allí se movían,
Un camino suave e imaginario marcaban
Observaba la hermosura de tu calma.
No hacía falta ni una palabra.
Entreabriste los profundos ojos azules,
Una brisa entró en la pequeña abertura de tus labios,
Y sonrisa de placer dibujaba mi cara.
Te estremeciste suave y mi mano rozaste.
Sabías que te amaba y a todo lo que rodearas,
Que nos reflejábamos en nuestras almas.
Y si el mundo se derrumbara,
Lo salvaría solo por tu mirada.
M. Belén Ferrer
17-10-06
La tarde se iba con los últimos rayos de sol.
Luz anaranjada radiante en el horizonte.
Cielo violeta y celeste con burbujas de algodón.
Viento suave y cálido que al césped acarició.
Y tu... allí serena reposabas...
Tu cabeza sobre mis rodillas, caía tu pelo oscuro
Tu vientre al sol bailaba con el aire,
Mis dedos lentamente allí se movían,
Un camino suave e imaginario marcaban
Observaba la hermosura de tu calma.
No hacía falta ni una palabra.
Entreabriste los profundos ojos azules,
Una brisa entró en la pequeña abertura de tus labios,
Y sonrisa de placer dibujaba mi cara.
Te estremeciste suave y mi mano rozaste.
Sabías que te amaba y a todo lo que rodearas,
Que nos reflejábamos en nuestras almas.
Y si el mundo se derrumbara,
Lo salvaría solo por tu mirada.
M. Belén Ferrer
17-10-06